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Dos siglos de descubrimientos arquelogicos en Palenque Chiapas segunda parte

Dos siglos de descubrimientos arquelogicos en Palenque Chiapas segunda parte

Martes, 18 de Septiembre




Dos siglos de descubrimientos arquelogicos en Palenque Chiapas segunda parte
Al recibir el informe de Calderón, el presidente Estachería no quedo muy convencido de los datos recibidos por lo que ordena al arquitecto de obras reales en Guatemala, Antonio Bernasconi, emprender otra expedición a las ruinas en 1785, en compañía de José Antonio Calderón. A diferencia de la primera expedición, Estachería proporciono a Bernasconi un instructivo que le permitiera recabar información más detallada, conocer el origen y la antigüedad de la ciudad, así como su industria, comercio, bienes de subsistencia, grado de desarrollo y causas de su destrucción (Cabello, 199: 91-115). Durante su visita, Bernasconi levantó mapas del sitio en las figuras 22 edificaciones, planos más detallados de dos construcciones con su alzado, ´planta y corte transversal en la que aparece el Templo de las Inscripciones y el Palacio, así como relieves modelados en estuco (Navarrete, 2000: 24). Además de la información recopilada, inicia la primera recolecta de piezas del sitio con su objeto de sustentar su reporte, retirando así un fragmento de estuco, un panel de piedra con 6 cartuchos glíficos en una de sus superficies y un mascarón de arcilla. Estos objetos pasarían después a formar parte de las primeras colecciones reales españolas provenientes de Palenque. De acuerdo con los análisis y comparaciones modernas se pudo determinar que el fragmento de estuco, que corresponde a una cabeza antropomorfa, provenía posiblemente del interior de unos de los medallones de la Casa A del Palacio; por su parte el panel con glifos fue desprendido del pasadizo este que llevaba al subterráneo del Palacio, mientras que el mascarón de arcilla debió ser recogido en alguna parte de este mismo edificio (Cabello, 1986: 108). Estos primeros informes impactaron al rey Carlos III y animado por su espíritu ilustrado, ordena que se continúen con las investigaciones sobre las ruinas de Palenque. Para ello, y debido al fallecimiento de Bernasconi, el Presidente Estachería comisiona entonces al Capitán Antonio del Río para realizar estas nuevas exploraciones. Acompañado por el dibujante Ricardo Armendariz, Del Río llega a Palenque a finales de 1786. En su informe relata que con la ayuda de 79 indios realizó un desmonte y quema general, así como excavaciones de diversa índole en los edificios a fin de obtener materiales de piedra, relieves, yeso, mezcla, ladrillos cocido y crudos, ollas y otros utensilios que se encontraran (Castañeda, 1946: 49). Para cumplir con su misión, el Capitán del Río llevó a cabo tal vez la primera excavación reportada en el sitio, en donde recupero 32 objetos entre los que figuran ofrendas cerámicas, motivos decorativos y una parte de un altar de piedra. Tanto el informe como los objetos arqueológicos recuperados llegaron a Madrid y fueron resguardados en el Real Gabinete de Historia Natural; actualmente se conservan en el Museo de América de esa misma ciudad. El informe de Antonio del Rio indicaba el número de piezas y el lugar donde las había obtenido, por lo que pudo determinarse que el pórtico de la Casa A desprende tres glifos y de la Casa D arranca una cabeza antropomorfa de estuco y una piedra de bajo relieve. De la Casa C toma el soporte derecho del trono y del primer escalón que conduce a los subterráneos del Palacio desprende un panel con glifos del lado izquierdo. El resto de los objetos, principalmente cerámicos, los obtuvo de las excavaciones realizadas en los santuarios del Templo de la Cruz y Templo del Sol (Cabello, 1986. 108). El interés generado por esas primeras expediciones sentarían las bases para un nuevo periodo de viajes e interpretaciones sobre Palenque. A principios del siglo XIX se inicia la época de los exploradores y viajeros románticos con una visión más realista de la ciudad en ruinas. Que sustituirá a la fantasía desbordada de los que se ocuparon de ella en el siglo XVIII. Aunque sería también una época en que se llevarían a cabo saqueos y excavaciones no sistemáticas. Estas excavaciones se realizaran en algunos casos por pura curiosidad científica, otras para satisfacer la demanda de coleccionistas nacionales y extranjeros, así como para incrementar las colecciones de los museos. En esta destrucción de evidencias históricas se continuaran afectando las esculturas que decoraban los edificios y otros recintos como las tumbas. A principios de 1807, Guillermo Dupaix y el dibujante Luciano Castañeda pasaron varios meses en Palenque copiando inscripciones, haciendo dibujos y anotando cuidadosamente los monumentos antiguos de la ciudad. A pesar de que Dupaix era un militar de carrera, que contaba con conocimientos del arte antiguo de México producto de sus dos expediciones anteriores y de realizar observaciones acertadas sobre los materiales propios de la arquitectura palencana, se le ha considerado también como el primer saqueador de objetos que haya operado en Palenque, por el hecho de haber sustraído un soporte de trono con glifos provenientes de los Subterráneos del Palacio con el fin de demostrar su estancia en la ciudad antigua y para darle fidelidad a su dibujante. Debido a que su viaje coincidió con el inicio de la guerra de independencia, sus observaciones y dibujos fueron publicados hasta 1831, en una edición de Lord Kingsborough titulada Antiquites of México. Una de las piezas publicadas seria el pequeño tablero sustraído, conocido como el Tablero Dupaix y que hoy se conserva en el Museo Nacional de Antropología en la ciudad de México. Entre 1832 y 1881 muchos viajeros más, inspirados en los relatos de sus antecesores, describieron paisajes animados con personajes ficticios que daban vida romántica a las ruinas, movidos por su inclinación por agradar a sus lectores. Sobresalientes entre ellos fue el conde Jean Frédéric de Waldeck, quien llegó a Palenque en 1832 y que vivió durante un periodo de 14 meses en una cabaña que se hizo construir al pie del Templo de la Cruz. En busca de lo grande y pintoresco de Palenque, Waldeck buscó vestigios griegos, egipcios, hebreos e hindúes en los estilos palencanos; con exageración vio elefantes en los glifos de los tableros, árabes en las ventanas abovedadas y armonías orientales en los edificios. Sin embargo, uno de los hallazgos importantes del conde fue la localización de una escultura de piedra caliza junto a un nicho sobre el basamento del Templo de la Cruz. Continuara... Investigación: Profr. Agustín Román Alvarez Bolívar.


Fuente de la Información: Crónista Municipal Profr. Agustín Roman Alvárez Bolivar.

Ultima Actualización: 18 de Septiembre de 2018.

 


 
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